Un día de octubre del año pasado, alguien subió a un google drive 76 documentos escritos en ruso y le dio acceso a una colega, editora del medio africano The Continent. Esta fuente anónima no volvió a comunicarse, ni a contestar ninguna pregunta.
Mi colega, Lydia Namubiru, convocó a un grupo de periodistas y medios con habilidades para analizar el contenido de esas 1.431 páginas que describían operaciones de influencia política y propaganda en más de 30 países, la mayoría africanos.
Se trataba de corroborar su autenticidad y descubrir si había allí una historia importante para contar. Varias investigadoras y fuentes expertas en este tipo de materiales revisaron los documentos y emitieron su opinión acerca de su verosimilitud y autenticidad.
Yo me sumé al equipo a fines de enero de este año. Conozco a Lydia desde que ella era editora de openDemocracy para África, y habíamos colaborado en varias investigaciones. El grupo se completó con colegas de Dossier Center e iStories (Rusia), All Eyes on Wagner y Forbidden Stories (Francia) y dos periodistas independientes de habla rusa.
Sí, había una historia, una tremenda historia de operaciones encubiertas, con dos capítulos latinoamericanos.
En las semanas que siguieron, me dediqué a explorar los documentos usando una herramienta de modelo de lenguaje de gran tamaño (LLM por sus siglas en inglés). Luego, cada uno de los datos volcados en los artículos de esta investigación fueron chequeados por un periodista que domina el ruso, porque los LLM cometen muchos errores. Y mientras tanto hicimos el reporteo de datos y el tradicional, de seguir pistas y hablar con fuentes, porque no podíamos dar por cierto nada de lo que encontramos sin una verificación rigurosa.
Si nunca leíste o oíste hablar del Grupo Wagner o del ruso Yevgeny Prigozhin – un rico empresario con pasado de delincuente que fundó una compañía de mercenarios al servicio del gobierno de Vladimir Putin – es porque nunca antes habíamos tenido que preocuparnos por ellos en América Latina.
Wagner fue una compañía militar privada que empezó a actuar en 2014 en el Donbás, la región ucraniana ocupada por Rusia, luego en África y en Siria, siempre defendiendo intereses rusos. Pero su líder se rebeló contra el jefe máximo, Putin, por la forma en que se conducía la guerra contra Ucrania, amenazó con tomar el poder y hasta intentó marchar sobre Moscú. Lo disuadieron y, unos meses después, en agosto de 2023, un siniestro aéreo acabó con su vida y la de otros jefes de Wagner.
Para entonces, Wagner ya había dejado huella en África, con su rama paramilitar y con su rama de operaciones de influencia política y propaganda, conocidas bajo el nombre genérico de Africa Politology. Pero la muerte de Prigozhin y la declarada disolución de la empresa no pusieron fin a esta historia. Al contrario.
Junto con la reorganización vino una mayor ambición, el cruce del Atlántico y dinero y esfuerzos desplegados en América del Sur.
Entre los documentos filtrados encontramos facturas, billetes de avión, presupuestos, planes estratégicos, evidencias de campañas de desinformación y los nombres de decenas de empleados y contratistas. También las biografías detalladas de algunos de ellos.
Se trata de la filtración más extensa y reciente sobre operaciones de influencia rusa, y una visión sin precedentes de la estrategia secreta de la “Compañía” (como aparece nombrada en los reportes) entre enero y noviembre de 2024.
Lo que sigue es mi primera entrega, una historia rusa en el Altiplano de Bolivia.
Diana Cariboni - Editora para América Latina
Exclusivo: Agentes de propaganda rusa fueron al rescate del gobierno de Luis Arce en Bolivia
En un día raramente cálido de julio de 2024, un equipo de siete “especialistas” rusos aterrizó en La Paz, Bolivia, con el objetivo de “estabilizar” el gobierno del presidente Luis Arce, aliado de Rusia, antes de las elecciones nacionales previstas para el año siguiente.
Había mucho en juego: 2024 fue un año difícil para el país, marcado por penurias económicas, una grave escasez de combustible, incendios forestales y más de 500 protestas y manifestaciones antigubernamentales. La inflación estaba en su nivel más alto desde 2008, mientras que el Movimiento al Socialismo (MAS), uno de los pocos aliados del Kremlin que quedaban en la región, se debatía entre seguir a su líder histórico, el expresidente Evo Morales, o a Arce, su antiguo aliado y exministro de economía.
Tres semanas antes de la llegada de los rusos, el 26 de junio de ese año, el jefe del ejército, general José Luis Zúñiga, intentó tomar el palacio presidencial al mando de un grupo de soldados, para rendirse poco después. Cuando fue detenido, Zúñiga afirmó que la intentona había sido orquestada por el propio presidente Arce para impulsar su escaso apoyo público, una versión difundida por medios de comunicación, políticos de la oposición y el propio Morales y sus seguidores, pero vehementemente desmentida por Arce.